en clave de tik

"¿A qué equipo le voy yo? … Al de los jodidos." Elías Contreras

Juego de adultos

dejar un comentario »

Otro libro regalado: Juego de adultos, de Manuel L. Alonso.

A la Milú, que hoy día cumplió 12 años.

08

Se arrepintió nada más hablar, pero ya era tarde para volverse atrás. [22]

En aquella estación iban bien vestidos, pero Ramón se fijaba, sin saber bien por qué, en sus defectos o en los aspectos menos agradables: las ojeras, los granos, una chica cojeando porque se le había roto el tacón del zapato, un hombres que se metía el dedo en la nariz sin preocuparse de que pudieran verle. [46]

De haber encontrado un contenedor, habría tirado también la mochila. Para no poseer nada. Para ser completamente libre. Ningún sitio donde ir, nada que custodiar. [66]

Más polvo en los muebles, menos en el cerebro. [91]

–Olvídate del dinero, Ramón. Ya me he dado cuenta de que no haces más que mencionarlo. El dinero no es lo más importante. Si piensas que lo es, acabarás como esa gente que has visto estos días corriendo de un lado para otro. Los que están obsesionados por el dinero son los que hacen las ciudades inhabitables. Son demasiados; por eso no puedes ganarle a la ciudad. Nadie puede. Mira, todos los días veo a un hombre, un viejo vagabundo que no está bien de la cabeza; se ha construido una especie de coche con cajas de cartón, y ahí está siempre sentado haciendo como que conduce. Habla solo, sosteniendo una cajetilla de tabaco como si fuera un móvil. Hay quien se ríe al verle, pero yo empiezo a pensar que no hay mucha diferencia entre él y aquellos a los que imita. Si vives en una ciudad donde todavía puedes jugar en la calle, no tengas prisa por perder lo que tienes ahora. Disfrútalo. Y basta ya de sermones. [99]

Por primera vez pensó que él, que tenía todo aquello, era afortunado. [109]

Escrito por sasgrd

Agosto 10, 2009 a 9:39 pm

Escrito en Libro regalado

Etiquetado con

El diablo de la botella

dejar un comentario »

Esta vez no es un libro prestado. Es un libro regalado. Mi sobrina acaba de cumplir 11 años y le obsequié El diablo de la botella, de Robert Louis Stevenson.

Y para que las frases seleccionadas perduren las transcribo a continuación:

Y la verdad del asunto es que, al mirar Keawe al hombre allí dentro, y al mirar el hombre a Keawe allá afuera, cada cual envidiaba al otro. [9]

Hay una cosa que el diablo no puede hacer: prolongar la vida [12]

07

“Aunque poco me gusta la forma en que he recibido todo, es cosa del destino, y es mejor que acepte lo bueno con lo malo”. [22]

Y envidió a los muertos que dormían allí y habían acabado con todos los problemas [39]

Y, ciertamente, cuando llegó a su cuarto del hotel, y se desvistió frente a un espejo, su piel estaba limpia, como la de un bebé. [46]

¡Y yo pensaba durante todo este tiempo que ocultándote la verdad te evitaría sufrimientos! [49]

Escrito por sasgrd

Junio 14, 2009 a 4:25 pm

Escrito en Libro regalado

Etiquetado con

Aventuras de amor en nuestra historia

dejar un comentario »

Leí Aventuras de amor en nuestra historia, una “selección de narraciones de reconocidos escritores ecuatorianos”.

De “Desventuras de un Ilustrado del Siglo XVIII y de una Liberanta Riobambeña”, escrito por Iván Égüez, seleccioné:

Espejo … moreno, carilargo como cuy, nariz aguileña y con un hoyo pronunciado en la mejilla izquierda [49]

Su genio intransigente lo llevó a romper la carta ya firmada [52]

De “En la línea más débil del triángulo”, escrito por Alicia Yánez Cossío:

La comparación innecesaria de los dos rivales es la más dura antítesis que pude hacer una mujer que está en el triángulo. Demasiada franqueza que hiere, demasiada perspicacia que duele, demasiada ironía que lastima, demasiada verdad que aniquila [81]

06

Basta de chanzas: formalmente y sin reírme, con toda la seriedad, verdad y pureza de una inglesa, digo que no me juntaré más con usted. Usted anglicano y yo atea, es el más fuerte impedimento religioso: el que estoy amando a otro es mayor y más fuerte. ¿No ve usted con qué formalidad pienso? Su invariable amiga

Manuela [82]

De “Un amor más allá de la muerte”, escrito por Pedro Jorge Vera:

Pablo Palacio … Elegante, pulcro, alegre; su figura, su juventud, su inteligencia lo convirtieron en un hombre atrayente cuya compañía buscaban las mujeres. “Más tiene de donjuán que de intelectual”, llegó a afirmarse de él. Pero se trataba de amoríos, de aventuras fugaces; el amor lo esperaba en la mujer espléndida que alborotaba a todos los jóvenes de Quito. [101]

Escrito por sasgrd

Mayo 13, 2009 a 9:28 pm

Escrito en Libro prestado

Etiquetado con , ,

Sobre héores y tumbas

con un comentario

Otro más: Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sabato.

Soy subMartín: un Martín sin Alejandra.

Seleccioné:

Volvía a ver la cara pintarrajeada de su madre diciendo “existís porque me descuidé”. [12]

Porque muchas veces había sentido esa sensación sobre la nuca, pero era simplemente molesta o desagradable; ya que (explicó) siempre se había considerado feo y risible, y lo molestaba la sola presunción de que alguien estuviera estudiándolo o por lo menos observándolo a sus espaldas; razón por la cual se sentaba en los asientos últimos de los tranvías y ómnibus, o entraba al cine cuando las luces estaban apagadas. [12]

“Sos largo y angosto, como un personaje del Greco.”

Martín gruñó.

“Pero calláte”, prosiguió con indignación, como un sabio que es interrumpido o distraído con trivialidades en el momento en que está a punto de hallar la ansiada fórmula final. Y volviendo a chupar ávidamente el cigarrillo, como era habitual en ella cuando se concentraba, y frunciendo fuertemente el ceño, agregó:

“Pero, sabés: como rompiendo de pronto con ese proyecto de asceta español te revientan unos labios sensuales. Y además tenés esos ojos húmedos. Calláte, ya sé que no te gusta todo esto que te digo, pero déjame terminar. Creo que las mujeres te deben encontrar atractivo, a pesar de lo que vos te suponés. Sí, también tu expresión. Una mezcla de pureza, de melancolía y de sensualidad reprimida. Pero además… un momento… Una ansiedad en tus ojos, debajo de esa frente que parece un balcón saledizo. Pero no sé si es todo eso lo que me gusta en vos. Ceo que es otra cosa… Que tu espíritu domina sobre tu carne, como si estuvieras siempre en posición de firme. Bueno, gustar acaso no sea la palabra, quizá me sorprende, o me admira o me irrita, no sé… Tu espíritu reinando sobre tu cuerpo como un dictador austero. [13]

Y resultaba poderosamente atractiva para los hombres, como se advertía caminando a su lado. [18]

–Te estás poniendo colorado –comentó.

–¿Yo? –preguntó Martín.

Y, como sucede siempre en esas circunstancias, enrojeció aún más. [19]

Pero al verla las lágrimas seguramente comprendió que aquello que había estado oyendo no era risa sino (como sostenía Bruno) ese raro sonido que en ciertos seres humanos se produce en ocasiones muy insólitas y que, acaso por precariedad de la lengua, uno se empeña en clasificar como risa o como llanto; porque es el resultado de una combinación monstruosa de hechos suficientemente dolorosos como para producir el llanto (y aun el desconsolado llanto) y de acontecimientos lo bastante grotescos como para querer transformarlo en risa. [21]

Y también pensó que si en aquel entonces hubiera tenido más edad y más experiencia, le habrían asombrado palabras como aquéllas, dichas por una muchacha de dieciocho años. Pero también muy pronto le habrían parecido naturales, porque ella había nacido madura, o había madurado en su infancia, al menos en cierto sentido; ya que en otros sentidos daba la impresión de que nunca maduraría: como si una chica que todavía juega con las muñecas fuera al propio tiempo capaz de espantosas sabidurías de viejo; como si horrendos acontecimientos la hubiesen precipitado hacia la madurez y luego hacia la muerte sin tener tiempo de abandonar del todo atributos de la niñez y la adolescencia. [24]

Mientras el hombre solitario y pensativo retorna a su meditación general y un poco errabunda que no fija demasiado su atención en nada: mirando ya un árbol, ya un chico que juega por ahí y rememorando, gracias a ese niño, remotos y ahora increíbles días de la Selva Negra o de una callejuela de Pontevedra que baja hacia el sur; mientras sus ojos se nublan un poco más, acentuando ese brillo lacrimoso que tienen los ojos de los ancianos y que nunca se sabrá si se debe a causas puramente fisiológicas o si, de alguna manera, es consecuencia del recuerdo, la nostalgia, el sentimiento de frustración o la idea de la muerte, o de esa vaga pero irresistible melancolía que siempre nos suscita a los hombres la palabra FIN colocada al término de una historia que nos ha apasionado por su misterio y su tristeza. [30]

No entendió nada. Y, como muchas veces le volvería a suceder con ella, Alejandra no se tomó el trabajo de explicarle. Se sentía –comentó Martín– como un mal alumno delante de un profesor irónico. [40]

No pongás esa cara. Si vas a ser amigo mío tendrás que acostumbrarte a todo esto. No pasa nada importante. [54]

–Yo no me casaré nunca –le explicaba–. Es decir, no tendré nunca hijos, si me caso. [57]

–¡Imbécil! –le respondí–. ¡El infierno no existe! ¡Es un cuento de los curas para embaucar infelices como vos! ¡Dios no existe! [68]

Tenía algo de pájaro, con su nariz ganchuda y filosa y sus ojitos un poco laterales sobre los dos lados de una cara aplasta y huesuda. Nerviosísimo e inquieto como siempre: escarbándose los dientes, arreglándose la rotosa corbata. Con su nuez prominente ascendiendo y descendiendo. [94]

Vo estudiá, hacéte un Edison, inventá el telégrafo o curá cristiano, andáte en el Africa como ese viejo alemán de bigote grande, sacrificáte por la humanidá, sudá la gota gorda y va a ver cómo te crucifican y cómo lo otro se enllenan de guita. ¿No sabé, acaso, que lo prócere siempre terminan pobre y olvidado? [98]

Martín demoró la respuesta: se había puesto rojo, pero felizmente (pensó) era de noche. [99]

Meno mal que soy medio loco y que ademá ninguna mujer me lleva l’apunte, que si no quién te dice que también me iba y lo dejaba al viejo pa que se muera solo como un perro. [100]

Meta fostró y todo eso merengue de bolero, de rumba, toda esa payasada. El tango e algo serio, algo profundo. Te hable al alma. Te hace pensar. [101]

–No sólo se salió con la suya, lo pior es que le decía lo coche están terminado, viejo, decía, hay que resinarse a la verdá, decía, cómo queré que nadie pueda vivir con ese cachivache, decía, no manyá, viejo que debemo estar acorde al progreso, decía, no comprendé que el mundo marcha adelante y que vo te empeñá en mantener era ruina porque sí, porque te da la real gana, no te da cuenta que la gente quiere velocidá, y eficiencia decía, que el mundo tiene que ir cada vez más rápido, decía. Y cada una de esa palabra era como un cuchillo. [102]

05

Una pregunta que nunca había hecho a nadie (¿a quién habría podido hacérsela?) surgió de él, con los contornos nítidos y brillantes de una moneda que no ha sido manoseada, que millones de manos anónimas y sucias todavía no han atenuado, deteriorado y envilecido:

–¿Me querés? [107]

–Me gusta la gente fracasada. ¿A vos no te pasa lo mismo? [108]

Pero la palabra querer, Martín, es tan vasta… Se quiere a un amante, a un perro, a un amigo… [113]

Y como sucede casi siempre que se intercambian opiniones, que se llega a cierto término medio donde ni una ni otra tienen la dureza y la definida calidad que mostraban al principio [124]

“¿Vestidos para mujeres? ¿Diseñar vestidos para mujeres? ¿Vos?”, a lo que ella respondió si no comprendía el placer que puede encontrarse ganando dinero con algo que uno desprecia. [132]

–En la casa de un amigo –mintió Martín, sonrojándose, porque nunca mentía; pero comprendiendo que terminaría por cubrirse de ridículo si decía la verdad. [137]

El hombre es por naturaleza desigual y es inútil pretender fundar sociedades donde los hombres sean iguales. [138]

–Molinari es un hombre respetable, un Pilar de la Nación. En otras palabras: un perfecto cerdo, un notable hijo de puta. [144]

La verdad no se puede decir casi nunca cuando se trata de seres humanos, puesto que sólo sirve para producir dolor, tristeza y destrucción. [171]

El hombre no está sólo hecho de desesperación sino de fe y de esperanza; no sólo de muerte sino también de anhelo de vida; tampoco únicamente de soledad sino de momentos de comunión y de amor. Porque si prevaleciese la desesperación, todos nos dejaríamos morir o nos mataríamos, y eso no es de ninguna manera lo que sucede. Lo que demostraba, a su juicio, la poca importancia de la razón, ya que no es razonable mantener esperanzas en este mundo en que vivimos. Nuestra razón, nuestra inteligencia, constantemente nos están probando que ese mundo es atroz, motivo por el cual la razón es aniquiladora y conduce al escepticismo, al cinismo y finalmente a la aniquilación. Pero, por suerte, el hombre no es casi nunca un ser razonable, y por eso la esperanza renace una y otra vez en medio de las calamidades. Y este mismo renacer de algo tan descabellado, tan sutil y entrañablemente descabellado, tan desprovisto de todo fundamento, es la prueba de que el hombre no es un ser racional. [201]

En cambio yo… ¿qué soy, yo? Una especie de contemplativo solitario, un inútil. [203]

El silencio y la soledad tenían esa impresionante vigencia que tienen siempre de noche en el barrio de los Bancos. Barrio mucho más silencioso y solitario, de noche, que cualquier otro; probablemente por contraste, por el violento ajetreo de esas calles durante el día; por el ruido, la inenarrable confusión, el apuro, la inmensa multitud que allí se agita durante las horas de Oficina. Pero también, casi con certeza, por la soledad sagrada que reina en esos lugares cuando el Dinero descansa. [257]

Hombres y mujeres que se encontraban en estas bibliotecas se unían luego en libre matrimonio y engendraban hijos a los que llamaban Luz, Libertad, Nueva Era, Giordano Bruno. Hijos que la mayor parte de las veces, en virtud de ese mecanismo que lanza a los hijos contra los padres, o, en otras, simplemente, merced a la complicada y generalmente dialéctica Marcha del Tiempo, se convertían en meros burgueses, en rompehuelgas y hasta en feroces persecutores del Movimiento, como en el caso del renombrado comisario Giordano Bruno Trenti. [271]

No siempre es la verdad la que nos lleva a realizar un gran descubrimiento. [325]

La vanidad es tan fantástica, tan poco “realista” que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados. [353]

¡Cuántas estupideces cometemos con aire de riguroso razonamiento! [363]

Y todo marchaba hacia la Nada del océano mediante conductos subterráneos y secretos, como si Aquellos de Arriba se quisiesen olvidar, como si intentaran hacerse los desentendidos sobre esta parte de su verdad. Y como si héroes al revés, como yo, estuvieran destinados al trabajo infernal y maldito de dar cuenta de esa realidad. [368]

Bruno, claro, no ignoraba la índole de la relación entre ellos, no porque Alejandra le hubiera contado (no era del tipo de persona para hacer ese género de confidencias) sino por la índole de silencioso refugio que aquel muchacho había buscado a su lado, por algunas palabras que de vez en cuando balbuceaba sobre Alejandra, pero, sobre todo, por esa insaciable sed que los enamorados tienen de oír todo lo que de alguna manera puede referirse al ser que aman [390]

Era un individuo cambiante, que pasaba de los más grandes entusiasmos a las más profundas depresiones. [397]

Las personas sinceras y honestas, al mezclar en sus amistades las inevitables muestras de desagrado por las mil y una circunstancias que siempre aparecen entre los seres humanos aun entre los mejores, no logran producir jamás esas proezas de encantamiento absoluto que pueden alcanzar los cínicos y mentirosos; y por los mismos mecanismos, en fin, en virtud de los cuales la mentira es siempre más agradable a las gentes que la verdad, afeada como está la verdad por las imperfecciones que tienen hasta los seres más cercanos a la perfección y a quienes más querríamos agradar y satisfacer. [404]

Georgina me pareció siempre como esas casas que suele haber en un barrio apartado, casi permanentemente cerradas y silenciosas, habitadas por personas grandes y enigmáticas; algún par de hermanas solteronas, algún hombre solitario que ha sufrido una tragedia, algún artista frustrado o desconocido y misántropo con un canario y un gato; casas de las que no sabemos nada y que sólo se abren a cierta hora para dar entrada, en forma apenas notoria, a los comestibles; no a los vendedores o cadetes sino solamente a la[s] cosas que traen y que, desde una puerta apenas entreabierta, son recogidas por un brazo del habitante solitario. Casas en las que de noche se enciende por lo general una sola luz, que quizá corresponda a una especie de cocina donde el hombre solitario también come y permanece; corriéndose luego la luz a otra pieza, donde presumiblemente duerme o lee o realiza algún trabajo disparatado como el de meter barcos en una botella. Luz solitaria que invariablemente me ha llevado a preguntarme, como ser curioso y que vive de conjeturas, ¿quién será ese hombre, o esa mujer, o ese par de solteronas? ¿Y de qué vivirá? ¿Tendrá una renta, habrá heredado? ¿Por qué no sale nunca? ¿Y por qué esa luz se mantiene hasta altas horas de la noche? ¿Acaso leerá? ¿O escribirá? ¿O será uno de esos seres solitarios y a la vez temerosos que sólo resisten la soledad con la ayuda de ese gran enemigo de los fantasmas, reales o imaginarios, que es la luz? [405]

No tengo la suficiente grandeza de alma para compadecer a seres como Fernando. [423]

Porque todavía no había llegado el momento de comprender que la costumbre es falaz y que nuestros pasos mecánicos no nos conducen siempre a la misma realidad; porque ignoraba todavía que la realidad es sorpresiva y, dada la naturaleza de los hombres, a la larga, trágica. [428]

El asombro queda reducido y generalmente aniquilado cuando miramos más a fondo las circunstancias que rodearon al hecho aparentemente insólito. [429]

Y en aquel reducto solitario me ponía a escribir cuentos. Ahora advierto que escribía cada vez que era infeliz, que me sentía solo a desajustado con el mundo en que me había tocado nacer. Y pienso si no será siempre así, que el arte de nuestro tiempo, ese arte tenso y desgarrado, nazca invariablemente de nuestro desajuste, de nuestra ansiedad y nuestro descontento. Una especie de intento de reconciliación con el universo de esa raza de frágiles, inquietas y anhelantes criaturas que son los seres humanos. Puesto que los animales no lo necesitan: les basta vivir. Porque su existencia se desliza armoniosamente con las necesidades atávicas. Y al pájaro le basta con algunas semillitas o gusanos, un árbol donde construir su nido, grandes espacios para volar; y su vida transcurre desde su nacimiento hasta su muerte en un venturoso ritmo que no es desgarrado jamás ni por la desesperación metafísica ni por la locura. Mientras que el hombre, al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituyó las bases de su grandeza pero también los orígenes de su angustia; porque con sus manos y con los instrumentos hechos con sus manos iba a erigir esa construcción tan potente y extraña que se llama cultura e iba a iniciar así su gran desgarramiento, ya que habrá dejado de ser un simple animal pero no habrá llegado a ser el dios que su espíritu le sugiera. Será ese ser dual y desgraciado que se mueve y vive entre la tierra de los animales y el cielo de sus dioses, que habrá perdido el paraíso terrenal de su inocencia y no habrá ganado el paraíso celeste de su redención. Ese ser dolorido y enfermo del espíritu que se preguntará, por primera vez, sobre el porqué de su existencia. Y así las manos, y luego aquella hacha, aquel fuego, y luego la ciencia y la técnica habrán ido cavando cada día más el abismo que lo separa de su raza originaria y de su felicidad zoológica. Y la ciudad será finalmente la última etapa de su loca carrea, la expresión máxima de su orgullo y la máxima forma de su alienación. Y entonces seres descontentos, un poco ciegos y un poco como enloquecidos, intentan recuperar a tientas aquella armonía perdida con el misterio y la sangre, pintando o escribiendo una realidad distinta a la que desdichadamente los rodea, una realidad a menudo de apariencia fantástica y demencial, pero que, cosa curiosa, resulta ser finalmente más profunda y verdadera que la cotidiana. Y así soñando un poco por todos, esos seres frágiles logran levantarse sobre su desventura individual y se convierten en intérpretes y hasta en salvadores (dolorosos) del destino colectivo. [446]

Y nadie desprecia a quien odia, pues se desprecia a quien de alguna manera es inferior y se experimenta resentimiento hacia seres que son superiores. [453]

Encendió la luz del veladorcito y se sentó en el borde de su cama. Sacó la gastada foto de uno de los bolsillos interiores y, acercándose un poco más al velador, la contempló con cuidado, como si examinase un documento poco legible, de cuya correcta interpretación dependen acontecimientos de gran importancia. De los muchos rostros que (como todos los seres humanos) Alejandra tenía, aquél era el que más le pertenecía a Martín; o, por lo menos, el que más le había pertenecido: era la expresión profunda y un poco triste del que anhela algo que sabe, por anticipado, que es imposible; un rostro ansioso pero ya de antemano desesperanzado, como si la ansiedad (es decir, la esperanza) y la desesperanza pudieran manifestarse a la vez. Y, además, con aquella casi imperceptible pero sin embargo violenta expresión de desdén contra algo, quizá contra Dios o la humanidad entera o, más probablemente, contra ella misma. O contra todo junto. No sólo de desdén, sino de desprecio y hasta de asco. Y no obstante él había besado y acariciado aquella temible máscara en una época que ahora le parecía remotísima, aunque se hubiese prolongado hasta poco tiempo atrás; del mismo modo que apenas despertamos ya parecen estar a inconmensurable distancia las imprecisas imágenes que nos conmovieron en el sueño o que nos aterrorizaron en las pesadillas. Y ahora, muy pronto, aquel rostro desaparecería para siempre con la pieza, con Buenos Aires, con el universo entero, con su propia memoria. Como si todo no hubiese sido más que una gigantesca fantasmagoría levantada por un hechicero irónico, y malvado. Y mientras profundizaba en aquella imagen estática, en aquella especie de símbolo de la imposibilidad, en el caos de su cabeza parecía vislumbrar, aunque muy confusamente, la idea de que no se mataba por ella, por Alejandra, sino por algo más hondo y permanente que no alcanza a definir: como si Alejandra hubiese sido nada más que uno de esos falsos oasis que prolongan la desesperada travesía en un desierto y cuyo desvanecimiento puede impulsar a la muerte, siendo que la causa última de la desesperación (y por lo tanto de la muerte) no es el falso oasis sino el desierto, implacable e infinito. [459]

La guerra podía ser absurda o equivocada, pero el pelotón al que uno pertenecía era algo absoluto. [467]

Escrito por sasgrd

Marzo 31, 2009 a 6:56 pm

Escrito en Libro prestado

Etiquetado con

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

dejar un comentario »

Otro más: Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Seleccioné:

Cuánto te habrá dolido acostumbrarte a mí,

a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.

Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos

y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos gigantes. [64]

04

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,

el agrio vino mío es más dulce en tus labios:

oh segadora de mi canción de atardecer,

cómo te sienten mía mis sueños solitarios! [71]

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.

Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.

Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.

Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante. [79]

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. [88]

Escrito por sasgrd

Marzo 10, 2009 a 8:54 pm

Escrito en Libro prestado

Etiquetado con

La metamorfosis

dejar un comentario »

Otra vez leí un libro prestado: La metamorfosis de Franz Kafka.

Del prólogo, escrito por Tina de Alarcón, seleccioné:

Le apasionaba mucho más el acto de escribir que el de publicar y la pasiva –y obnubilante– recepción de las admirativas palabras del prójimo. [8]

Estando dotado de todos los elementos para comprender a la mujer, Kafka sería en la edad adulta un seductor de primera magnitud. [12]

Como suele suceder a casi todos los grandes creadores, no tardó en ser víctima de irritantes dudas respecto a la calidad del relato. [15]

033

De La metamorfosis:

¿Se daría cuenta la hermana de que no había tocado la leche? Y no por falta de hambre, ¡viva el cielo! ¿Traería otra clase de alimento? Si no lo hacía por sí misma, él preferiría morir de hambre antes de pedírselo. [45]

Ellos seguramente no querían que Gregorio muriese de hambre, pero no tomaban cartas en el asunto. [46]

Una vez –habría pasado un mes desde la metamorfosis de Gregorio–cuando ya no había motivo para que la hermana se alterase por su aspecto, ésta vino un poco antes que de costumbre y le encontró, con su espantosa figura, arrimado a la ventana. [50]

Para Gregorio no era un placer aislarse tan absolutamente. [51]

“Con mucho gusto”, respondió el padre como si fuera él quien tocaba. [67]

¿Sería él una fiera si la música le emocionaba tanto? [68]

De Informe para una academia:

Casi cinco años me separan de la naturaleza de animal salvaje, un tiempo que en términos de calendario puede parecer breve pero que resulta ser una eternidad para quien, como yo, lo ha tenido que recorre al galope y a latigazos. [81]

Como se me dijo más tarde, he sido excepcionalmente poco ruidoso, por lo que se pensó que o moriría pronto o, si lograba sobrevivir, sería un buen sujeto para ser amaestrado. [83]

Escrito por sasgrd

Marzo 9, 2009 a 10:13 pm

Escrito en Libro prestado

Etiquetado con

Ensayo sobre la ceguera

dejar un comentario »

Leí Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago y –acostumbro hacerlo– seleccioné frases.

El libro es prestado. Al devolverlo se irán esas frases.

¿Harán falta? No sé. Por si acaso las transcribo a continuación:

El ciego dijo, Si voy a quedarme así para siempre, me mato [16]

Diferente fue lo que pasó con el oculista, no sólo porque estaba en casa cuando le atacó la ceguera, sino porque, siendo médico, no iba a entregarse sin más a la desesperación, como hacen aquellos que de su cuerpo sólo saben cuando les duele. [30]

Le asombraba el espíritu lógico que se iba descubriendo, la rapidez y el acierto de los razonamientos, se veía a sí mismo diferente, otro hombre, y si no fuera por la mala suerte de esta pierna, juraría que nunca en toda la vida se había encontrado tan bien. [65]

Daremos todos y lo daremos todo, dijo el médico, Y quien no tenga nada que dar, preguntó el dependiente de farmacia, Ése sí, comerá de lo que los otros le den, es justamente lo que alguien dijo, de cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades. [115]

Pero lo peor fue cuando les dijeron, Tened paciencia, tened paciencia, no hay palabras más duras de oír, mejor los insultos. [132]

02

Esta misma chica, entienda a las mujeres quien pueda, que es la más bonita de todas las que aquí se encuentran, la de mejor cuerpo, la más atractiva, la que todos desearon cuando corrió la voz de lo que valía, fue al fin, una de estas noches, a meterse por su propia voluntad en la cama del viejo de la venda negra, que la recibió como la lluvia de abril, y cumplió lo mejor que pudo, bastante bien para su edad, quedando así demostrado, una vez más, que las apariencias engañan, y que no es por el aspecto de la cara ni por la presteza del cuerpo por lo que se conoce la fuerza del corazón. [139]

Lo que tendríamos que hacer es tomarnos la justicia por la mano y hacérselo pagar [154]

La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza. [166]

Hay que tener cuidado con las comparaciones, no vayan a ser livianas. [167]

Es como si todavía estuviéramos en el manicomio, No hay comparación, podemos movernos libremente [177]

No hay nadie, dijo la chica de las gafas oscuras, y rompe a llorar apoyada en la puerta, la cabeza sobre los antebrazos cruzados, como si con todo el cuerpo estuviese implorando una desesperada piedad, si no hubiéramos aprendido ya lo suficiente de las complicaciones del espíritu humano, nos sorprendería que quiera tanto a sus padres, hasta el punto de estas demostraciones de dolor, una chica de costumbres tan libres, aunque no está lejos quien dijo que no hay contradicción, ni la hubo nunca, entre esto y aquello. [192]

Y la venganza, cuando es justa, es cosa humana [200]

Fue entonces cuando, sorprendentemente, si tenemos en cuenta que se trata de una persona que no ha hecho estudios avanzados, la chica de las gafas oscuras dijo, Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos. [216]

Ella se puso un vestido de ramajes y flores, que llevaba años sin ponerse y que la convirtió en la más bonita de las tres. [221]

Un escritor es como otra persona cualquiera, no puede saberlo todo, ni puede vivirlo todo, tiene que preguntar e imaginar [229]

Porque los libros del mundo, todos juntos, son como dicen que es el universo, infinitos. [238]

Hay esperanzas que es locura alimentar [239]

El monstruoso deseo de que no recuperemos la vista [239]

Incluso cuando la desgracia es común a todos, siempre hay unos que lo pasan peor. [250]

Escrito por sasgrd

Enero 23, 2009 a 2:15 am

Escrito en Libro prestado

Etiquetado con

primera vez

dejar un comentario »

En Bocas del Tiempo, Eduardo Galeano cuenta:

En el verano de 1972, Carlos Lenkersdorf escuchó esta palabra por primera vez.

Había sido invitado a una asamblea de los indios tzeltales, en el  pueblo de Bachajón, y no entendía nada. Él no conocía la lengua y la discusión, muy animada, le sonaba como lluvia loca.

La palabra tik atravesaba esa lluvia. Todos la decían y la repetían, tik, tik, tik, y su repiqueteo se imponía en el torrente de voces. Era una asamblea en clave de tik.

Carlos había andado mucho mundo, y sabía que la palabra yo es la que más se usa en todos los idiomas. Tik, la palabra que brilla en el centro de los decires y los vivires de estas comunidades mayas, significa nosotros.

Escrito por sasgrd

Enero 16, 2009 a 11:22 pm

Escrito en General

Etiquetado con